Desde la cuna de Santo Domingo de Guzmán, los frailes dominicos de Caleruega compartimos en este espacio reflexiones, historias y pensamientos sobre diversos temas que nos interpelan y nos inspiran.
Más info sobre el blog
En un tiempo marcado por la ambigüedad y el relativismo, el Evangelio nos llama a recuperar la transparencia del discípulo. La palabra de Jesús no es una nueva ley que nos aplasta, sino una invitación a la libertad de los hijos de Dios.
Ser cristiano no es simplemente creer ciertas cosas en privado; es ser, por gracia, un agente transformador en el mundo. La sal y la luz no existen para sí mismas, sino para ejercer una función esencial en su entorno.
En Cristo descubrimos que la misericordia no es pasividad, sino una forma activa de compromiso que transforma. Seguir a Cristo misericordioso nos coloca inevitablemente en tensión con una cultura que normaliza la violencia y el endurecimiento del corazón.
La repetición del término “inmediatamente” no es casual. Mateo quiere dejar claro que cuando el Reino se acerca, no admite postergaciones. No porque Dios sea impaciente, sino porque la vida nueva que ofrece es demasiado valiosa como para dejarla pasar.
En la historia de Israel, el Espíritu venía y se retiraba; en Jesús sucede algo radicalmente nuevo. El Espíritu no pasa, se queda, habita en Jesús de manera plena.
¿Qué significa hoy cumplir toda justicia? Significa elegir la fidelidad cuando cuesta, la humildad cuando no se reconoce, la confianza cuando no se entiende el camino.
En Jesucristo, Dios se revela de manera definitiva, no a través de conceptos abstractos, sino en una vida humana concreta, cercana y vulnerable. Él es la gracia hecha presencia, la luz que habita entre nosotros, el rostro visible del Padre invisible.
La paternidad de José se expresa en gestos concretos: levantarse, tomar al niño y a su madre, huir, volver, establecerse. En esos verbos cotidianos se revela una fe madura, capaz de avanzar sin comprenderlo todo.
La revelación no elimina el riesgo ni la dificultad, pero ilumina el camino. Así actúa Dios: no anula la incertidumbre humana, sino que la atraviesa con su presencia fiel.