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Identidad de Cristianos

Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio
5to domingo T.O. 26

5to Domingo del Tiempo Ordinario. Identidad de Cristianos

Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Reflexión:

En el pasaje del evangelio de hoy Jesús define la identidad del cristiano como luz y sal. Es muy importante señalar que Jesús no compara, no dice sois como la sal o como la luz. Tampoco sugiere una meta futura ni condicional: deberían ser como. Establece una declaración más profunda de nuestra identidad como sus seguidores, dice sois la sal y la luz. Ser cristiano no es simplemente creer ciertas cosas en privado; es ser, por gracia, un agente transformador en el mundo. La sal y la luz no existen para sí mismas, sino para ejercer una función esencial en su entorno.

La sal actúa desde dentro, de manera discreta pero vital. En tiempos de Jesús, su principal función era preservar, evitar la corrupción. Eso es lo primero que somos llamados a ser: una presencia que, con nuestra integridad, justicia y esperanza, frena la decadencia a nuestro alrededor. Pero Jesús advierte: la sal puede perder su sabor. Esto ocurre cuando nos diluimos, cuando nuestra vida se vuelve indistinguible de los valores del mundo y renunciamos a nuestra misión distintiva. Si no preservamos, no servimos para nada.

Junto a esta misión íntima, Jesús nos da otra más visible: ser luz. La luz revela, guía y disipa la oscuridad. No se enciende para esconderla, igual que una ciudad en la cima de una colina no puede ocultarse. Nuestra fe no es un asunto privado, sino un testimonio público que debe verse. ¿Y qué es lo que la gente debe ver en nosotros? No una perfección arrogante, sino “las buenas obras”, esas acciones concretas de amor, misericordia y justicia que fluyen de un corazón transformado por Él.

Aquí está el propósito último de todo: “Para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Este es el giro maestro. No brillamos para que nos admiren a nosotros. Brillamos para que, al ver la belleza, la coherencia y la compasión de nuestras vidas, la mirada de los demás se dirija más allá, hacia el Origen de esa luz: Dios Padre. Somos, en última instancia, reflectores de Su gloria.

Por tanto, hoy Jesús nos pregunta: ¿Estamos preservando con la verdad y la justicia, o hemos perdido nuestro “sabor”? ¿Estamos iluminando con esperanza y amor, o hemos tapado nuestra luz por miedo o comodidad? Nuestra responsabilidad es inmensa. Pero no partimos de nuestras propias fuerzas. Partimos de una identidad recibida: somos sal, somos luz. Vivámoslo con valentía y humildad, para que el mundo, al vernos, encuentre el camino al Padre.

Oración

Que el Señor nos conceda vivir como sal que preserva y luz que ilumana con fidelidad, para que toda nuestra vida sea un canto de alabanza a su gloria. Amén.

Fray Diego Rojas Fray Diego Rojas

Comunidad de frailes dominicos de Caleruega

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