El Espíritu que permanece
Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio
2do Domingo del Tiempo Ordinario. El Espíritu que permanece
Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Reflexión:
En este pasaje del Evagelio Juan Bautista no se presenta como protagonista, sino como testigo. No habla de sí mismo ni de sus méritos, sino de lo que ha visto: “Vi al Espíritu descender del cielo y permanecer sobre él”. Ese “permanecer” es la clave. En la historia de Israel, el Espíritu venía y se retiraba; en Jesús sucede algo radicalmente nuevo. El Espíritu no pasa, se queda, habita en él de manera plena. Por eso Juan puede señalarlo con certeza: Jesús es el Ungido definitivo, aquel en quien Dios ha puesto todo su Espíritu.
Este testimonio nos invita a detenernos y preguntarnos: ¿dónde buscamos hoy la acción del Espíritu? ¿La esperamos solo en momentos intensos o extraordinarios, o somos capaces de reconocer su presencia fiel y silenciosa? Juan nos enseña a mirar con profundidad, a discernir dónde Dios está actuando de verdad, incluso cuando no hay gestos espectaculares ni palabras grandilocuentes.
El descenso del Espíritu sobre Jesús no es solo una escena simbólica; es un acto creador. Como al principio, cuando el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas, ahora desciende sobre Jesús para inaugurar la nueva creación. En él comienza un mundo nuevo, una humanidad reconciliada, una vida abierta plenamente a Dios. Jesús es el Ungido del Espíritu y, por eso mismo, el comienzo de todo lo nuevo que Dios quiere hacer.
Y aquí surge otra pregunta decisiva para nuestra fe: ¿qué significa para nosotros que la nueva creación comience en Jesús? ¿Creemos de verdad que, unidos a él, nuestra historia puede ser recreada, sanada, transformada? El Evangelio no habla solo del pasado; habla de lo que Dios quiere seguir haciendo hoy en cada vida que se deja tocar por su Espíritu.
Juan Bautista, al reconocer todo esto, da un paso atrás y señala a Jesús. Esa es su grandeza y también su enseñanza. Ser testigos no es ocupar el centro, sino apuntar hacia donde está la vida. Allí donde el Espíritu permanece, allí donde Dios recrea, allí está Jesús. Y seguirlo es entrar, ya ahora, en la novedad de la nueva creación.
Oración
Señor Jesús, Ungido del Espíritu, tú en quien comienza la nueva creación, abre nuestros ojos para reconocer la presencia fiel de tu Espíritu que permanece.
Haznos dóciles a su acción, capaces de dejarnos renovar por tu vida, y humildes testigos de lo que tú haces en nosotros.
Amén.


