Del entusiasmo a la incomprensión.
Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio
Domingo Ramos. Del entusiasmo a la incomprensión.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14 – 27, 66
Reflexión:
La liturgia del Domingo de Ramos nos sitúa ante un contraste tan fuerte como revelador. Por un lado, la entrada de Jesús en Jerusalén entre vítores, ramos y mantos extendidos: es aclamado como “Señor”, como “Hijo de David”, como el Mesías esperado. Por otro, la proclamación de la Pasión -este año según san Mateo- nos introduce, casi sin transición, en el camino del rechazo, la traición y la cruz. El mismo pueblo que aclama, pronto calla; el mismo entusiasmo se transforma en incomprensión. Así comienza una semana en la que Dios desvela su rostro de un modo inesperado.
Ese contraste no pertenece solo a la multitud de Jerusalén; también atraviesa nuestro propio corazón. Podemos aclamar a Jesús con facilidad cuando su camino resulta luminoso y consolador, pero nos cuesta seguirle cuando implica renuncia, perdón o entrega. Así, pasamos del entusiasmo a la tibieza: lo proclamamos con los labios, pero dudamos en la vida concreta.
Este vaivén también se refleja en nuestra fe cotidiana. Reconocemos a Jesús como Señor en la oración, pero no siempre le dejamos serlo en nuestras decisiones. Como los discípulos, queremos seguirle, pero nos cuesta permanecer firmes en la prueba. Surge entonces la tentación de buscar un Mesías que resuelva nuestros problemas, en lugar de acoger al que nos transforma desde dentro mediante el amor que se entrega.
Sin embargo, esta tensión puede convertirse en una oportunidad de crecimiento. Nos invita a pasar de una fe superficial a una fe más profunda y fiel, de la emoción pasajera al compromiso verdadero. El Señor sigue entrando en nuestra vida no para condenar nuestras incoherencias, sino para transformarlas en un camino de discipulado más auténtico.
Al comenzar la Semana Santa, la Iglesia nos introduce en el camino hacia el Triduo Pascual, un único misterio de amor que alcanza su culmen en la cruz y su plenitud en la resurrección. El Domingo de Ramos no es solo una apertura solemne, sino la puerta que nos permite entrar en el corazón de este misterio: la entrega total de Jesús, que se irá revelando paso a paso hasta manifestarse como victoria de vida sobre la muerte.
En este itinerario, la última cena anticipa el sentido de todo: Jesús se da a sí mismo como alimento, expresando que su vida y su muerte son don total. Esta entrega se confirma en Getsemaní y en la Pasión, donde, obediente y confiado, acepta el sufrimiento sostenido por el Padre. Así, se nos invita a acompañarlo no con entusiasmo pasajero, sino con fidelidad, recorriendo con Él el camino que pasa por la cruz y conduce a la vida nueva.
Oración:
Que tu Espíritu nos ayude en esta Semana Santa a ser cada vez más fieles en tu seguimiento, que seas verdadero Señor de nuestras vidas, no solo de nuestras buenas intenciones.


