Jesús se queda de un modo diferente.
Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio
5to Domingo de Pascua. Jesús se queda de un modo diferente.
Juan 14, 1-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».
Reflexión
En este quinto domingo de Pascua, el Evangelio de Juan nos sitúa en una escena cargada de inquietud: Jesús habla de su partida y los discípulos sienten que el suelo se mueve bajo sus pies. La pregunta que atraviesa el texto es profundamente actual: ¿cómo vivir cuando parece que Jesús no está? ¿Cómo sostener la fe en medio de la ausencia, la incertidumbre o el silencio? No es una cuestión teórica, sino existencial, que también hoy toca nuestras propias experiencias. En el relato el mismo Jesús ofrece algunas respuestas.
La primera respuesta es una invitación a la confianza: “No se turbe vuestro corazón… creed en mí”. Jesús no elimina la dificultad, pero ofrece un modo de asumirla. La fe aparece aquí no como certeza fría, sino como confianza personal. Cuando no vemos claro el camino, cuando no entendemos lo que sucede, se nos invita a apoyarnos en Él. La ausencia no es abandono; es una nueva forma de presencia que requiere una fe más profunda, menos dependiente de lo inmediato.
La segunda respuesta es decisiva: Jesús no deja simplemente un mensaje, sino que se ofrece a sí mismo. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No se trata de encontrar un método o una doctrina para orientarse, sino de entrar en relación con una persona. Vivir cuando Jesús “no está” significa, en realidad, descubrir que Él sigue siendo el camino. No caminamos solos ni a ciegas: caminamos en Él, desde Él y hacia Él. La fe cristiana no es un mapa, es una compañía.
La tercera respuesta nos lleva aún más lejos: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. En Jesús se nos revela el rostro de Dios. Por tanto, vivir en su ausencia aparente no es vivir sin Dios, sino aprender a reconocerlo en todo aquello que Jesús ha sido y ha hecho: su manera de amar, de perdonar, de entregarse. Y, además, Jesús abre una perspectiva sorprendente: “el que cree en mí hará también las obras que yo hago”. Es decir, su presencia continúa en la vida de los creyentes. No estamos llamados solo a recordar, sino a prolongar su acción en el mundo.
Así, el pasaje del evangelo de hoy nos invita a dar un paso en nuestro camino pascual. Jesús no está como antes, pero está de un modo más profundo. Vive en la confianza que sostiene el corazón, en el camino que recorremos con Él, en el rostro de Dios que hemos conocido en su vida, y en las obras que seguimos realizando en su nombre. La ausencia se transforma en misión. Y entonces comprendemos que la verdadera pregunta no es solo “¿dónde está Jesús?”, sino “¿cómo lo hacemos presente hoy con nuestra vida?”.
Oración:
Señor, que no perdamos tiempo y esfuezo en lamentarnos y turbarnos por que no te sentimos, ni te vemos donde queremos que estés, que tu Espíritu nos permita descubrirte y encontrarte donde quieres que veamos al Padre.


