Negarse a sí mismo no significa despreciarse, sino dejar de colocarse en el centro de todo. Significa aprender a mirar la realidad desde Cristo.
Deja tu comentarioDesde la cuna de Santo Domingo de Guzmán, los frailes dominicos de Caleruega compartimos en este espacio reflexiones, historias y pensamientos sobre diversos temas que nos interpelan y nos inspiran.
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Negarse a sí mismo no significa despreciarse, sino dejar de colocarse en el centro de todo. Significa aprender a mirar la realidad desde Cristo.
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También nosotros podemos tener una imagen correcta de Cristo y, al mismo tiempo, querer un Cristo que se adapte a nuestros proyectos: un Cristo que nos dé seguridad, pero no nos pida conversión; que nos acompañe, pero no cuestione nuestras opciones.
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Esta mujer, que aparentemente está lejos —por su origen, por su condición religiosa—, reconoce en Jesús algo que muchos de los que están cerca no consiguen reconocer. Lo llama «Señor» e incluso «Hijo de David», reconociendo en Él al Mesías de Israel.
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Éste sigue siendo el camino de la Iglesia y de cada cristiano: del miedo a la confesión de fe, pasando por la confusión, la confianza y la adoración.
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El pan multiplicado anuncia el Pan de Vida. La misma compasión que movió a Jesús en el desierto seguirá alimentando a su pueblo en cada celebración eucarística.
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l cristianismo no consiste, ante todo, en dejar cosas, sino en haber encontrado a Alguien. Cuando el Reino ocupa el centro del corazón, muchas renuncias dejan de ser sacrificios pesados y se convierten en decisiones libres nacidas del amor.
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Todos llevamos luces y sombras, trigo y cizaña creciendo juntos. Por eso el Señor nos pide humildad antes que severidad, conversión antes que condena.
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El verdadero discípulo no es quien solo escucha la Palabra, sino quien permite que esa Palabra transforme su existencia y, por medio de ella, produzca frutos abundantes para la gloria de Dios y el bien de los hermanos.
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¿cómo puede un yugo conducir al descanso? Sin embargo, el yugo de Jesús no esclaviza, porque es el yugo del amor. Aprender de Él significa asumir su manera de vivir: con un corazón manso, humilde y totalmente abandonado al Padre.
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Cuando Cristo ocupa el centro del corazón, hasta los gestos más sencillos adquieren un valor eterno.
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