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El Espíritu de la paz y la reconciliación.

Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio
Pentecostes 26

Domingo de Pentecostés. El Espíritu de la paz y la reconciliación.

Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Reflexión

En la solemnidad de Pentecostés, la Iglesia celebra no solo el don del Espíritu Santo, sino el nacimiento de una comunidad nueva. El evangelio de Juan nos presenta a los discípulos encerrados, con miedo, incapaces todavía de comprender plenamente lo que significa la resurrección. Y esto es importante: la Pascua sigue apareciendo como un proceso. Los discípulos han escuchado el anuncio, pero aún viven paralizados. La fe no madura de golpe; necesita encuentro, tiempo y transformación interior. Por eso Jesús mismo toma la iniciativa y se coloca en medio de ellos.

La primera palabra del Resucitado es sorprendente: “La paz esté con vosotros”. Y la repite varias veces, porque sabe que el miedo no desaparece fácilmente. La paz que Jesús ofrece no es simplemente tranquilidad emocional ni ausencia de problemas. Es una paz más profunda: la reconciliación del corazón, la posibilidad de volver a vivir sin quedar atrapados por el temor, la culpa o la desesperanza. Los discípulos estaban encerrados por miedo, y Jesús no los reprende; les ofrece paz. Esa es también hoy la primera necesidad de nuestro mundo y de nuestra Iglesia: corazones reconciliados, capaces de vivir sin violencia interior ni resentimiento.

Y precisamente desde esa paz nace la misión. Jesús no envía primero a enseñar doctrinas ni a construir estructuras; envía a reconciliar. El primer encargo que reciben los discípulos está relacionado con el perdón de los pecados, es decir, con restaurar relaciones rotas y volver a abrir caminos de comunión. Una Iglesia llena del Espíritu no puede ser una comunidad que condena constantemente o que vive alimentando divisiones. Pentecostés nos recuerda que el Espíritu Santo crea puentes, reconstruye vínculos y hace posible una fraternidad nueva. Allí donde una comunidad lleva paz, escucha, misericordia y reconciliación, allí está actuando verdaderamente el Espíritu de Cristo.

El evangelio añade un gesto profundamente simbólico: Jesús sopla sobre ellos y dice: “Recibid el Espíritu Santo”. Ese soplo recuerda el momento de la creación, cuando Dios comunica vida al ser humano. Pentecostés aparece así como una nueva creación. El Espíritu no es un añadido secundario a la vida cristiana; es el principio mismo de la vida nueva. Sin el Espíritu, la misión se vuelve activismo vacío; sin el Espíritu, la paz se vuelve frágil; sin el Espíritu, la reconciliación parece imposible. Solo el Espíritu puede transformar una comunidad encerrada y temerosa en una comunidad abierta y enviada.

Hoy también nosotros vivimos entre puertas cerradas: miedos, heridas, polarizaciones, cansancios interiores. Y precisamente ahí el Resucitado se pone en medio y vuelve a decir: “La paz esté con vosotros”. Pentecostés no es el recuerdo de algo pasado, sino la certeza de que el Espíritu sigue actuando hoy, recreando nuestra vida y sosteniendo nuestra misión. El Señor continúa derramando su Espíritu para que pasemos del encierro a la apertura, del miedo a la confianza y de la división a la reconciliación. Porque allí donde el Espíritu actúa, nace siempre una humanidad nueva.

Oración:

Espíritu Divino llénanos de tu paz, infúndenos fortaleza y perseverancia para ejercer la misión de la reconciliación.    

Fray Diego Rojas Fray Diego Rojas

Comunidad de frailes dominicos de Caleruega

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