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Teme lo que te aparta de Dios.

Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio
12 domingo TO

Domingo XII Tiempo Ordinario. Teme lo que te aparta de Dios.

Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Reflexión

El evangelio de este Domingo está atravesado por una invitación que Jesús repite una y otra vez: «No tengáis miedo». Son palabras que todos necesitamos escuchar. Vivimos rodeados de temores: miedo al fracaso, a la enfermedad, a la incertidumbre, al rechazo, a la pérdida de aquello que amamos. Jesús conoce bien el corazón humano y sabe cuánto pueden paralizarnos esos miedos. Por eso quiere liberar a sus discípulos de todo aquello que les impide vivir con confianza y anunciar el Evangelio con valentía.

Sin embargo, Jesús introduce una enseñanza que puede parecernos sorprendente. Después de decir «no tengáis miedo», añade: «Temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo». No está contradiciéndose. Lo que hace es ayudarnos a ordenar nuestros temores. Muchas veces damos demasiada importancia a lo que puede dañar nuestro bienestar, nuestra imagen o nuestros proyectos, y muy poca a aquello que puede alejarnos de Dios. El verdadero peligro para la vida humana no es perder algo exterior, sino perder aquello que da sentido a toda nuestra existencia: la comunión con el Señor.

Por eso el temor de Dios del que habla la Biblia no es terror ni angustia. Es el respeto amoroso de quien ha descubierto un tesoro y no quiere perderlo. Cuando una persona ama profundamente, teme herir la relación que da sentido a su vida. Del mismo modo, el creyente procura evitar todo aquello que enfría su amistad con Dios: la indiferencia, el egoísmo, la falta de perdón, la injusticia o la autosuficiencia. No se trata de vivir obsesionados por el pecado, sino de valorar tanto el don recibido que nuestro deseo sea custodiarlo con fidelidad.

Por eso vale la pena preguntarnos ¿Dónde buscamos nosotros la seguridad para vivir? ¿En nuestras capacidades, en nuestros bienes, en el reconocimiento de los demás? Jesús nos recuerda hoy que el fundamento de nuestra confianza no está en nada de eso, sino en el amor providente del Padre. Si Dios cuida de los gorriones y conoce hasta el número de nuestros cabellos, ¿cómo podría permanecer indiferente a nuestras luchas, heridas y preocupaciones? Quizás el verdadero desafío no sea preguntarnos si Dios está atento a nuestra vida, sino si nosotros vivimos realmente convencidos de que estamos en sus manos.

Y hay una pregunta aún más profunda que el evangelio nos invita a hacernos: ¿qué es lo que verdaderamente tememos perder? ¿Nos preocupa más el fracaso que la infidelidad? ¿Nos duele más una crítica que alejarnos de Dios? ¿Defendemos con el mismo empeño nuestra relación con el Señor que nuestros intereses personales? Cada Eucaristía nos ofrece la oportunidad de reordenar nuestro corazón y nuestras prioridades. Al acercarnos al altar, pidamos la gracia de vivir libres de los miedos que nos esclavizan y de conservar ese santo temor que nos ayuda a custodiar el bien más precioso que hemos recibido: la amistad y la comunión con Dios.

Oración:

Que el Señor nos conceda la gracia de vivir libres de los miedos que empequeñecen el corazón y llenos de ese santo temor que nos ayuda a conservar el bien más grande que hemos recibido: su amor y su presencia en nuestra vida.

 

Fray Diego Rojas Fray Diego Rojas

Comunidad de frailes dominicos de Caleruega

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