Desde la cuna de Santo Domingo de Guzmán, los frailes dominicos de Caleruega compartimos en este espacio reflexiones, historias y pensamientos sobre diversos temas que nos interpelan y nos inspiran.
Más info sobre el blog

El traje para la boda.

Fray Diego Rojas / 0 comentarios / Comentario al Evangelio
28 Domingo TO

Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario. El traje para la boda.

Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:

“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Reflexión

El Evangelio de hoy nos presenta a un rey que prepara el banquete de bodas de su hijo y envía a sus criados a llamar a los invitados. La imagen nos habla de un Dios que toma la iniciativa, que prepara la fiesta y que desea compartir su alegría con nosotros. La invitación de Dios es generosa y desinteresada: no nace de nuestra necesidad, sino de su amor; no tenemos que ganarnos un lugar en el banquete, sino acoger el lugar que él nos ofrece. Dios quiere que participemos de su Reino, que entremos en comunión con él y que compartamos la alegría de su Hijo. La vida cristiana comienza, por tanto, no con una exigencia, sino con una invitación. Antes de preguntarnos qué tenemos que hacer por Dios, necesitamos reconocer todo lo que él nos ofrece gratuitamente.

Sin embargo, los invitados comienzan a rechazar la invitación. Algunos se marchan a sus campos y negocios: no necesariamente están haciendo algo malo, pero sus ocupaciones se vuelven más importantes que la llamada recibida. Otros reaccionan con violencia, maltratan y matan a los mensajeros. Hay, por tanto, distintas formas de rechazar a Dios: podemos ignorarlo porque estamos demasiado ocupados, dejarlo para después o permitir que otras preocupaciones ocupen el centro de nuestra vida; pero también podemos rechazar conscientemente su palabra cuando cuestiona nuestros intereses, nuestras seguridades o nuestra manera de vivir. Quizá debamos preguntarnos: ¿qué cosas están ocupando tanto espacio en mi vida que corro el riesgo de dejar pasar la invitación de Dios? No siempre nos alejamos de él por una decisión explícita; a veces basta con que otras cosas se vuelvan más importantes.

Ante el rechazo, el rey manda ir a los caminos e invitar a todos los que encuentren, buenos y malos. La sala se llena y la invitación se abre más allá de los primeros destinatarios. Esta es la generosidad del Reino: Dios no se limita a llamar a quienes parecen dignos o preparados; sale al encuentro de todos y les ofrece la posibilidad de participar en su alegría. Pero la parábola introduce entonces una escena desconcertante: uno de los invitados está dentro del banquete sin el traje de boda. ¿Cómo entenderlo? El problema no es que haya tenido que ganarse la invitación, sino que haber sido invitado y estar presente no significa que todo dé igual. El vestido representa, en el sentido general de la parábola, la respuesta coherente con el don recibido: la disposición a dejarse transformar por la gracia y a vivir según el Reino.

Aquí encontramos una continuidad con los evangelios de los domingos anteriores. En la parábola de los dos hijos, Jesús nos recordaba que no basta decir «sí» al Padre; hay que hacer su voluntad. En la de los viñadores, nos enseñaba que no basta recibir la viña; hay que producir frutos. Hoy nos dice que tampoco basta con estar físicamente dentro del banquete: es necesario dejar que la invitación transforme nuestra vida. Podemos participar en la Iglesia, celebrar los sacramentos, conocer el Evangelio e incluso desempeñar responsabilidades, pero ¿se traduce todo eso en misericordia, justicia, fraternidad y servicio? La pertenencia cristiana no es una garantía que nos permita vivir despreocupados; es una invitación permanente a la conversión.

Por eso, al escuchar esta parábola, no basta con preguntarnos si hemos recibido la invitación o si ocupamos un lugar en el banquete. La pregunta decisiva es: ¿mi manera de vivir manifiesta que he acogido realmente la invitación de Cristo, o me conformo con estar dentro sin dejarme transformar por él? Dios nos invita gratuitamente, sale a buscarnos y nos abre las puertas de su Reino; nuestra respuesta consiste en acoger esa gracia y permitir que dé fruto en nosotros. No se trata de comprar el amor de Dios con nuestras obras, sino de dejar que el amor recibido cambie nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar. Que nuestra vida entera se convierta en una respuesta agradecida a la invitación de Dios. 

Oración:

Señor Jesús, gracias por invitarnos a tu banquete y abrirnos las puertas de tu Reino. Ayúdanos a no dejarte siempre para después y a vivir de tal manera que nuestras palabras y nuestros gestos reflejen el amor que hemos recibido de ti. Amén.

Fray Diego Rojas Fray Diego Rojas

Comunidad de frailes dominicos de Caleruega

Anterior


Deja tu comentario

En caso de duda, puede consultar las normas sobre comentarios.

Aviso: los comentarios no se publican en el momento. Para evitar abusos, los comentarios sólo son publicados cuando lo autorizan los administradores. Por este motivo, tu comentario puede tardar algún tiempo en aparecer.

Cancelar repuesta


Categorías

Últimos artículos

Archivo